La cruceta, la cámara y el autoapuntado.
De regreso, una vez más, a lo que es, sin lugar a dudas, el apartado más complicado para cualquier desarrollador, ya habituado a contar con dos mandos analógicos, nos metemos de lleno en cómo los chicos de Activision han tratado de solventar el problema de jugabilidad que tiene la PSP.
En este aspecto, diremos que el control es adecuado: resulta bastante intuitivo para las posibilidades que ofrece la portátil de Sony y además cuenta con una respuesta rápida del motor del juego. El manejo de la cámara, sin ser excepcional, al menos permite jugar sin sobresaltos y evitar las muertes por carencia de visión que hemos vivido en otros títulos. Una jugabilidad, en definitiva, que no pasa de ser suficiente, sin grandes alardes, pero que, con el handicap añadido de esta consola, le hace sobresalir por encima de la media habitual. Y, quizá, lo que les haya permitido solventar este problema sea el autoapuntado, ya que nos evita tener que mover la cámara de un lado a otro de la pantalla con los botones equis, cuadrado, círculo y triángulo para alcanzar al siguiente enemigo, basta con soltar el botón de apuntado, girar un poco y volver a apuntar para tener al blanco bien centrado.

Aún así, Call of Duty: Roads to Victory no llega a tener la rapidez de acción y movimientos que hemos disfrutado en anteriores entregas de esta saga gracias al segundo mando analógico de la PS2, por ejemplo.
Un pobre sistema multijugador.
No hay mucho que decir del sistema multijador. No existe la opción on-line, con lo que queda sumamente reducido y a pesar de que en el modo Ad-Hoc permite contar hasta con seis equipos, va a resultar difícil reunir un grupo tan grande de personas con el juego para poder probarlo.
Si acaso, cabe destacar que los escenarios no se desbloquean con el modo historia, dispondremos de todos ellos desde el principio.
Demasiado corto.
Pero donde realmente falla COD: Roads to Victory, y lo hace de forma totalmente estrepitosa, es en la extensión. Las catorce misiones pueden parecer suficientes y, quizá lo sean, ligeramente, en el nivel más alto de dificultad, pero para una dureza media del juego, se quedan muy, pero que muy cortas. En poco menos de seis horas se puede terminar fácilmente el modo historia, algo muy escaso para el precio por el que sale a la venta. Y además resulta sencillo hacerlo con buenas puntuaciones, excepto por el tiempo.

Las campañas se van haciendo más largas a medida que cambiamos de país, así las de Canadá son más extensas que las de USA y las inglesas tienen una duración realmente satisfactoria, pero como cada vez son menos en número, el tiempo de juego se va reduciendo según avanzas.
Hay que mencionar que los puntos de control se encuentran bastante bien situados, permitiendo una dificultad tolerable que no hace demasiado sencillo el juego pero que tampoco obliga a repetir una y mil veces el mismo tramo. Aunque en alguna de las misiones puedas quedarte un poco perdido si no prestas atención y pierdes de vista a tus compañeros de pelotón.
Mención aparte merecen dos hechos puntuales: el primero son las granadas, que, debido a la no excelente maniobrabilidad de los controles (principalmente por el hecho de que el botón para incorporarse está justo encima del mando analógico) y la rapidez con que explotan, suelen terminar con una misión que hasta esos momentos iba viento en popa. Cualquier granada te eliminará de inmediato si no te coge de pie y con una buena ruta de escape. El hecho de que no exista una barra de salud es un tema, por lo demás, que no merece la pena ser mencionado en una saga que ya nos tiene acostumbrados a ello.

El otro asunto es que nuestras propias tropas tienen la irritante manía de ponerse en nuestra línea de tiro, lo que no sólo retrasa la misión, si no que acarrea las críticas de tus compañeros si se te ocurre disparar. Lo que por sí sólo es un hecho bastante divertido si no viniera acompañado de la circunstancia de que tus balas pueden, por desgracia, herirles.
En definitiva, se trata de un buen juego, quizá el mejor FPS que hay hoy en día para la PSP, que solventa las carencias de la consola con holgura y aprovecha sus puntos fuertes, pero que, debido a la escasísima duración que presenta, no llega, ni de lejos, a poder ser considerado un nuevo triunfo de Activision.